dimarts, 6 d’abril de 2010

ROJO PASIÓN

No siempre había sido así. De niña a adolescente e incluso de adulta había sido delgada. Cuando uno es gordo desde pequeño tiene asumido que cuando llegue a la adolescencia, muchos de sus compañeros o amigos le podrían haber dicho en algún momento “el botijo” o “el zampabollos” o cualquier otro mote “cariñoso”.
Pero en el caso de Soraya, no había sido así. Ella también había colocado algún mote a estos compañeros sin ningún remordimiento. Y ahora, casi a sus cuarenta años, se miraba en el espejo y ni siquiera se reconocía.
Lo único que veía eran carnes que caían la una sobre la otra, y le impedían mirarse las puntas de los pies.
Pero Soraya siempre intentaba ver el lado bueno de las cosas, aunque en este caso le costaba conseguirlo.
Así que después de encontrar e intentar mil y una formas de adelgazar, sin éxito, decidió ir a buscar tiendas donde vendieran ropa XXL o más.
Casi de casualidad, encontró una tienda especializada en tallas grandes y además de muy buen gusto. Ropa para su edad y no para abuelas.
Ilusionada se probó varias prendas. Echó un vistazo a la zona de vestidos y decidió llevarse un vestido rojo, tan rojo como la manzana de Blancanieves.
A la mañana siguiente despertó y salió a la calle orgullosa de su vestido, pero notaba miradas extrañas. Cuando llegó a la oficina, sus mejillas se pusieron del mismo color que el vestido. Todos la contemplaban asombrados. Dos minutos más tarde sonó el teléfono: era Paula, su compañera. Le dijo que cómo venía así, que ese vestido era escandaloso, que se le marcaba todo y que si pesara veinte kilos menos le quedaría de maravilla…
Soraya, sin esperanza, no tenía voluntad de levantarse de la silla en toda la mañana: le daba vergüenza. El reloj marcó las dos en punto y Paula tuvo que mentir a Soraya diciéndole que no le quedaba tan mal el vestido, esperando a que sus palabras levantaran a su compañera del asiento para ir a comer algo a la cafetería. Y Soraya, queriendo creer la mentira de su amiga, aliviada, cogió el bolso y se estiró el vestido que se le había quedado arremangado entre un michelín. Cuando llegaron, Soraya, aburrida, paseó la mirada por la cafetería y sus ojos se encontraron con los de Martín, uno de los camareros que atendían en la barra. “Paula me ha mentido” pensó desilusionada. “Martín se ha asustado cuando me ha visto con este horroroso vestido”. Se marchó de la cafetería y entre lágrimas cogió un taxi para no volverse a enfrentar a otras miradas.
Porque la mirada de Martín le había tenido que doler más que todas las veces que le han preguntado “Has engordado, ¿no?”.
Siguió llorando hasta dormirse. A la mañana siguiente, despertó agotada de llorar tanto, pero con ganas de cambiar su figura de una vez por todas.
Llamó a la oficina y dijo que estaba enferma y cuando colgó busco el número de un dietista que le habían recomendado. Durante unos meses se llevó la comida de casa a la oficina para ahorrar y cuando salía del trabajo iba a un gimnasio cercano a su casa.
Cuando ya se había acostumbrado a los comentarios de sus compañeros y los vecinos que la paraban en la calle, “¡Cuánto has adelgazado!”, “¡Qué guapa estás!”, decidió darse un homenaje e ir a comer a la cafetería de siempre.
Martín preguntaba por ella, hacía dos meses que no la veía. “¡Es tan guapa! Y el último día que vino con ese vestido rojo, me quedé embobado mirándola y me pilló. Ella, me miró asustada, seguro que pensaba que por que la miraba así una mierda de camarero”.
Martín miró a la calle. Venía Paula con otra chica, pero, sí, ¡Era ella! ¿Pero, que le había pasado? ¡Cuánto había cambiado!
Soraya y Paula entraron charlando. Uno de los camareros le preguntó qué querían. “Una Coca-Cola para mi y un Aquarius para Soraya”.
Soraya miró a la barra y vio a Martín mirándola con cara de asombro y ella, desvió la mirada. Terminada la bebida, ella pidió la cuenta y Martín se acercó con la nota.
Soraya le miró, y enfadada, le dijo “¿Qué pasa, qué miras?”
Y Martín, rojo como aquel vestido le preguntó: “¿Qué has hecho?. Con lo guapa que estabas antes”.
Soraya le miró asombrada, dejó el dinero en el plato y salió sin decir nada.
Rápidamente fue a comprarse dos merengues con coco rallado por encima.
Estefanía Marín García
4º ESO A.

5 comentaris:

  1. Estefanía, soy Sònia.
    La idea que has escogido está muy bien.
    El final me ha sorprendido gratamente porque, para mí, ha sido inesperado. Lo he encontrado muy peculiar y gracioso.
    También me ha sorprendido la reacción que tiene el camarero en ver Soraya, ya más delgada.
    Solo decirte que la narración la encuentro original y muy divertida.

    Sònia Gil

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  2. Stefa, ya sabes que a mi me gustó mucho tu redacción, creo que es original y que puede servir tamién de consejo para algunas chicas que no se ven bien como ahora estan. Está muy chula!

    Lara León García

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  3. Estefanía.
    Es muy original. Me gusta mucho como escribes y ademas te inspiraste en un tema que pasa en la actualidad, esta muy bien.

    Mireia Casado

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  4. Estefanía!
    Tu história me ha gustado mucho y también me gusta mucho tu forma de escribir.
    El tema és muy interesante y original, está muy bien.

    Clàudia Correcher Rodríguez

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  5. Has enfocado una idea en la cual das a reflexionar que en este mundo, ahora mismo, hay muchas mujeres que se sienten igual, por eso me ha gustado tanto.

    Carla Antolín Sanz.

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