dijous, 8 d’abril de 2010

EL TONTO DEL PUEBLO




El pueblo estaba situado al pie de una montaña, mirando al mar. Sus habitantes eran pocos, y, además, la mayoría era gente mayor.Los jóvenes se marchaban del pueblo para ir a estudiar a la ciudad. El alcalde era un hombre de mediana edad, con bastante dinero y un negocio entre manos que nadie sabía muy bien de qué se trataba, pero tampoco era muy importante para la gente del pueblo porque hasta ese momento a nadie le había afectado.Como en todos los pueblos, estaba "el tonto del pueblo" que se pasaba todo el día en el bar, haciendo amigos y molestando a todo el mundo.
Durante unos tres o cuatro días el tonto no se presentó en el bar, y, aunque a la gente le extrañó un poco, no se preocupaban mucho, porque así no les molestaba. Después de esos 3 ó 4 días, el tonto volvió, y en vez de pedirse, como siempre, una caña, se pidió un café. Entonces sí, todos se extrañaron mucho. El muchacho, de unos 40 como mucho, cogió el diario y se sentó a leerlo mientras se tomaba su café. Nadie sabía cómo tomarse eso: era muy extraño De repente, se abrió la puerta del bar y sacó la cabeza el alcalde, miró al "tonto" y él salió y se fueron los dos en dirección al ayuntamiento.La gente, extrañada, empezó a preguntar, a hablar y a cotillear sobre lo que el alcalde le había hecho al pobre hombre. Finalmente decidieron preguntárselo, pero les dijo su secretaria que el alcalde se había ido a solucionar unos asuntos en la ciudad, y, junto con él, el tonto.Al cabo de unos meses, pos casualidad, se dieron cuenta de que el pueblo estaba arruinado, que alguien se había gastado todo el fondo público.El hijo de un pastor, que había estudiado derecho, y tenía sus contactos en la ciudad, les contó que le habían contado que habían visto al alcalde del pueblo, que se había forrado con un tratamiento experimental que desarrollaba la inteligencia humana (y se había gastado los fondos del pueblo pasa autosubvencionarse).A la gente del pueblo no les hizo mucha gracia que se gastaran todo su dinero, pero, al fin y al cabo, era "para una buena causa", y, además, les había quitado al tonto del pueblo de encima y eso se agradece.

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