diumenge, 4 d’abril de 2010

Descrpición romántica



Ella, la marquesa de Santillana, aquella mujer con los ojos azules como el mar, con la cara pálida y aquellos labios que tanto me enloquecían; de aquel color morado como el fruto del bosque donde cabalgaba. Tenía un carácter muy narcisista. Todos en el pueblo decían que era una maleducada, creída y mal criada, pero a mí me tenía enamorado.
Quería comprobar si de verdad su fama de engreída era cierta o parte de la leyenda.
No me podía resistir a quedar con ella, le había enviado una carta, para verla a las cinco en la fuente del Caldés. Ella me confirmó la cita en el cuarto intento. Eran las cinco menos diez y yo ya estaba allí, nervioso, con mi caballo blanco.
A las cinco oí llegar un carruaje: era ella, la marquesa de Santillana. Bajó lentamente del carruaje y entonces la vi con todo su esplendor. Realmente era bellísima. Caminaba lentamente hacia mí. Estaba emocionado, no podía ser tan estúpida siendo tan guapa. Su dama de compañía se alejó discretamente. Estuvimos hablando durante horas pero siempre hablaba de ella… “Que si sus vestidos, que si su físico”… y no me dejaba intervenir.
Al anochecer ya no aguantaba más, mi aventura amorosa tocaba a su fin.


Mireia Casado 4t A

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