dimecres, 7 d’abril del 2010

El bosque del Marqués.




Una noticia corría por el pueblo de Handsonville, Emilia, hija del Gobernador, y probablemente la joven más bella del pueblo, salía con un mozo llamado Iñigo. Alguien los había visto juntos..

Desde hacía ya unos meses, Emilia e Iñigo, dos jóvenes profundamente enamorados, se veían a escondidas cada atardecer en el bosque del marqués. Se llamaba así porque en él había un castillo en ruinas que correspondía al Marqués de Handsonville, muerto hacía muchos años. Los mitos más antiguos aseguraban que el Marqués era caníbal y que las misteriosas desapariciones de la gente de su entorno se debían a eso, incluso se llegó a decir que se llegó a comer a sí mismo; otros decían que no, que efectivamente estaba loco pero que fue su primo lejano, que heredó luego el título, el que hizo desaparecer a toda la gente de esa casa. Nadie lo sabía, el caso es que Emilia e Iñigo esa noche fueron a visitar el castillo. Ya era de noche, los ruidos misteriosos del bosque invadían sus oídos, exploraron las ruinas del castillo, que, aunque era bastante grande, no había mucho por ver. De pronto, entraron en un pasillo muy largo con aspecto de laberinto, que curiosamente se mantenía intacto. Iñigo era un joven alto, fuerte… su aspecto era el propio de un guerrero, aún así era herrero, como todos los hombres de su familia; muy decidido, cogió a Emilia con sus fuertes brazos tratando de ir más deprisa, al cabo de mucho andar con la esperanza de salir a la otra parte del castillo, se dieron cuenta de que se habían perdido así que decidieron pasar la noche allí.

Emilia dormía plácidamente, su bello rostro se parecía al de un ángel, su larga melena rubia caía por encima de su pecho y sus labios rojizos cogieron un tono más azulado por el frío. De pronto, algo interrumpió el sueño de Emilia, despertó e Iñigo ya no estaba a su lado. Sorprendida y asustada, corrió por el siniestro pasillo en busca de su querido cuando, de repente, una sombra se le mostró al fondo del pasillo: era él, pero… algo se encogió en el corazón de Emilia… ¿qué es lo que estaba viendo? Era él, sí, pero sin manos, sin piernas… aterrada, cayó al suelo.

Al cabo de unas horas, Iñigo despertó, sin saber cómo, en la puerta exterior, al menos ahora sabrían salir. Aún era de noche pero ya estaba a punto de amanecer, corrió a despertar a Emilia, y allí estaba, tumbada en el suelo, con la cara desencajada, pálida, el miedo y el horror se reflejaban en ella, estaba muerta...

Un dolor inexplicable le recorrió todo el cuerpo, algo le hizo gritar, gritar de desesperación, rompió a llorar, lloró como nunca lo había hecho, su vida perdió el sentido, y él… perdió la vida.

A la mañana siguiente, la patrulla organizada por el Gobernador los encontró, uno encima del otro… el médico del pueblo diagnosticó: Emilia, 19 años, muerte natural, ataque al corazón. Iñigo, 20 años, muerte de arma blanca, suicidio.

Laura Balcells Argilaga, 4eso A.

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