dimecres, 31 de març de 2010

REDACCION REALISTA

Papá dice que la abuela está mala, que tengo que asentirle a todo lo que ella me diga, que tengo que seguirle el cuento sin darle mucha importancia, pero yo no lo entiendo. Cuando era más pequeñita me quedaba con ella muchas tardes mientras mis padres trabajaban; ahora ya no puedo, ella está - según papá - en una casa para abuelos especiales como la mía. En eso tiene razón porque mi abuelita es muy muy especial.

Pero estoy un poco triste, porque las últimas veces que he ido a visitarla no sabía quién era yo, o, en otra ocasión, ella pensaba que yo era mamá a sus ocho años. Hace dos semanas recuerdo que la abuela creyó que mamá era una camarera y quería que le trajera un café, mamá no se lo llevó y mi abuelita empezó a ponerse muy nerviosa y unos hombres de bata blanca le pincharon para que se encontrara mejor. Yo no la entiendo, y tampoco se de dónde saca tanta imaginación, y le pregunto a papá, él me contesta que es porque cada día que pasa se acerca cada vez más al cielo.

Cuando llegamos a la casa de los abuelitos especiales, un hombre de bata blanca muy alto y pálido, con la misma barba que lleva papá los domingos por la noche y que, según mamá, le queda tan sexy, se acerca a mis papás, les separa un poco de mí. Mi madre me dice que me quede quieta donde estoy, que sólo tardarán cinco minutos. Los tres se alejan de mí y giran por un pasillo, yo les pierdo de vista y decido seguirlos sin que se enteren, no me gusta quedarme sola en una habitación como esta: con las paredes blancas y los sillones marrones, duros y viejos. Serán para que aquellos abuelos se sientan como en casa.

Asomo la cabeza por el pasillo, y veo al hombre de bata blanca y mis dos papis delante de una puerta. El hombre está hablando, pero no logro entender lo que dice, lo único que veo es que mi padre poco a poco coge la mano de mi mamá y la estrecha cada vez más fuerte, a mi madre le va cambiando la cara: pasa de su sonrisa a una cara de decepción, ¿o quizás tristeza? No lo sé con seguridad, pero nada bueno está pasando. Sea lo que fuera que estuviera diciendo ese hombre le está haciendo mucho daño.

Estoy a punto de salir corriendo para darle una patada al hombre de la bata blanca para que sepa que nadie se mete con mamá, pero él deja de hablar, mi madre suelta la mano de papá y se la lleva a la cara junto con la otra, y ahoga un grito en ellas. Mi padre al momento le abraza.

Salgo corriendo lo más rápido posible y le pego un par de puñetazos al hombre; después abrazo la pierna de mi madre ¿Qué habría dicho aquel hombre para que ella reaccionara de tal manera?
-¡¡¡Mamá!!! ¿Qué te dijo ese hombre? -mi madre no contesta - Responde mami…
Al ver que no obtengo respuesta con mi madre, opto por preguntar a mi padre.
-¿Qué pasó papi? - Él me coge en brazos y me da un beso en la frente.
-La abuela alcanzó el cielo, cariño -me dice papá, mientras le cae una lágrima del ojo. Y sigo sin entender nada.
-Pero papá, ¿no es eso bueno?



Lara León García
4º ESO-A