diumenge, 11 d’abril de 2010

Rojo


Mientras deambulaba sin rumbo fijo por las calles de mi ciudad, pensaba en las desgracias que me habían pasado los últimos días. Mi empresa, que hasta entonces había funcionado bien, había empezado a tener pérdidas cada vez mayores, hasta que finalmente cayó en bancarrota, sin que los préstamos que pedí sirviesen de nada. Y ahora estaba arruinado y con unas deudas millonarias encima.

Para empeorar aún más las cosas, mi hermano, la única familia que tenia, sufrió un accidente hacía poco en el cual perdió la vida.

Solo y arruinado, seguí andando hasta que vi el Golden Gate, y me dirigí hacia allí. No creo que ese sea el nombre adecuado para un puente rojo, pero no lo decidí yo. Empecé a andar por el puente, y después de cinco minutos andando me apoyé en la barandilla y miré hacia abajo, al río. Entonces me puse a pensar qué era lo que tenía que hacer entonces. Después de pensarlo un rato, me decidí. Di tres pasos hacia atrás, cogí carrerilla, y salté.

Lluís Isern

2 comentaris:

  1. Espero que esta situación que describes tan horripilante no le ocurra a nadie, aunque creo que desgraciadamente esto pasa a menudo.
    Ésta bien la narración. Escoges un tema un tanto común y lo desenvolturas bastante bien. Solo explicas lo que hace falta, lo necesario para que se entienda, sin enrollarte y esto me gusta, eres directo.
    Sònia Gil


    Sònia Gil

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  2. Encuentro que es un texto claro, directo y se entiende bien lo que quieres expresar


    Cristina Miravall

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